El bambú es el nombre común que reciben las plantas de tronco leñoso y forma de caña. Es una planta silvestre que no requiere de fertilizantes ni pesticidas ya que tiene una protección natural. Crece mejor en clima tropical o subtropical, aunque hay especies que toleran hasta los -25°C. Es de crecimiento muy rápido (25 cm por día): en 20-30 días la caña alcanza su altura máxima, para luego robustecerse. Según especies, puede alcanzar los 30 cm de altura con un diámetro máximo de 2,5 cm. Las fibras son extraídas de las varas de bambú y no contienen ningún aditivo químico puesto que el procesado es a través de un tratamiento con vapor de agua y hervido en agua.

Las fibras de bambú son naturales, muy resistentes y duras, al tiempo que elásticas y ligeras. Al tacto es una fibra suave, antibacteriana, absorbente, transpirable y confortable –cálida en invierno y fresca en verano-. Se puede teñir y mantiene los colores brillantes durante largo tiempo (más que las fibras de algodón, por ejemplo), necesita menos lavados porque se ensucia poco y apenas coge olor. Es un tipo de fibra reciclable, sostenible (no requiere prácticamente riego y no precisa ser replantado para crecer de nuevo), antibacteriana y antialérgica (ya que tiene propiedades antibióticas que evitan que haya que añadir químicos por lo que es recomendable para pieles delicadas).

La fibra natural de bambú no debe confundirse con la viscosa de bambú –una de las telas más fuertes que existen- que se obtiene a través de un procesamiento químico. El bambú puede ser hilado solo o en mezcla con otras fibras de algodón y seda, entre otras.

Bambú