Se refiere a la acción de meter una planta dentro de la tierra para que pueda crecer. Debe tener desarrolladas un conjunto de raíces, que es la parte que se introduce dentro del suelo, para que se sigan ramificando. La vegetación queda en la superficie para poder absorber la luz y realizar la función clorofílica.

También se plantan los bulbos, introduciéndolos totalmente dentro de la tierra, a la profundidad necesaria según el tamaño de cada variedad. Para ello, se hace un hoyo en el terreno, del tamaño suficiente para que quepa la planta, se introducen las raíces hasta que empieza el tallo vegetal, se cubre bien de tierra y se presiona para que la planta quede bien sujeta. A continuación, se riega abundantemente.

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