4 mitos y 4 verdades sobre la cloración salina

Por Leroy Merlin

¿Es tan caro como dicen? ¿Es fácil de mantener? ¿Te bañas en agua salada? ¿Es bueno para la piel? ¿La sal para piscina irrita los ojos? Descubre qué es cierto y qué no en lo que respecta a la cloración salina. Aquí tienes 4 mitos y 4 verdades sobre este sistema de limpieza que desinfecta tu piscina de forma potente, eliminando las sustancias contaminantes del agua sin dejar residuos ni contaminación. 

Cloración salina

Mantén el agua de tu piscina en perfectas condiciones de forma cómoda y segura

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Es la limpieza más natural. Verdadero

Si quieres que el agua de tu piscina se mantenga libre de bacterias, hongos y microorganismos, has de utilizar cloro, un desinfectante imprescindible. Con el método tradicional se añadía esta sustancia a través de productos químicos fabricados para ello; la cloración salina, sin embargo, aprovecha el cloro natural que está presente en la sal común (que no es otra cosa que cloruro sódico).

Para ello se utiliza el clorador salino, un aparato por el que pasa el agua de la piscina. En su interior hay unos electrodos que descomponen las moléculas de sal (que previamente habrás añadido al agua), produciendo un cloro ecológico y natural. Este proceso se conoce como electrólisis. Este cloro desinfecta el agua de forma que está desinfectada al salir del clorador. En este momento, las moléculas de sal vuelven a unirse y así puede repetirse el proceso cuando sea necesario.

Si te interesa la cloración salina para tu piscina y no sabes qué modelo escoger, te recomendamos que eches un vistazo a este artículo donde te enseñamos cómo elegir cloradores salinos.

4 mitos y 4 verdades sobre la cloración salina

Es apta para cualquier tipo de piscina. Verdadero.

La cloración salina es adecuada para todo tipo de piscinas, sean estas de gresite, de poliéster o liner. Además, no necesitas hacer ninguna tarea de preparación previa, salvo colocar el aparato adecuado.

El clorador se instala en el circuito de filtración, en la depuradora, y después se conecta el aparato a la red eléctrica para que funcione. Podrás elegir este sistema de limpieza y mantenimiento sea cual sea el material del que esté fabricada tu piscina.

4 mitos y 4 verdades sobre la cloración salina

Consigues un gran ahorro en productos químicos. Verdadero.

Uno de los mitos más difundidos sobre la cloración salina es que resulta mucho más caro que la limpieza tradicional con cloro químico. En realidad, no es así. Si bien para instalar un equipo de cloración salina en la piscina hay que hacer una determinada inversión inicial (para colocar el clorador y adquirir la sal común), después el ahorro es considerable, ya que no hay que añadir productos al agua (la sal solo se pone una vez y después se reutiliza). Por eso ahorras bastante dinero en la compra de pastillas de cloro y otros químicos.

Por otro lado, el mercado ofrece un amplio repertorio de sistemas de cloración salina entre los que elegir, con diferentes prestaciones y precios. A la hora de hacerlo, lo más importante es optar por un modelo acorde a nuestras necesidades. Deberás tener en cuenta el volumen de la piscina, así como el uso que vas a hacer de la misma. Fíjate en la capacidad de cloración del aparato. Cuanto mayor sea esta, más elevado será su precio. La clave está en elegir uno adecuado a lo que necesitamos, sin quedarnos cortos pero sin pasarnos tampoco (ya que tendremos un mayor consumo totalmente innecesario).

4 mitos y 4 verdades sobre la cloración salina

También es importante fijarse en la vida útil de la célula del clorador. Si eliges una con una larga vida útil, puede que te resulte algo más cara pero tendrás que cambiar menos los electrodos y el coste de mantenimiento será menor.

Puedes considerar la posibilidad de que el clorador salino incorpore ciertos extras interesantes como, por ejemplo, los reguladores automáticos de cloro y del pH del agua, o el sistema autolimpiable. Aunque estos mecanismos elevan un poco el coste del aparato, merece la pena contar con ellos ya que te ahorran trabajo y tareas de mantenimiento. Es el caso del regulador automático de pH, por ejemplo, que resulta muy práctico ya que evitará que tengas que añadir al agua ácido reductor de pH de forma habitual.

4 mitos y 4 verdades sobre la cloración salina

Te bañas en agua salada. Falso

Aunque la cloración salina se basa en limpiar el agua mediante la incorporación de sal, en realidad la concentración es tan baja que resulta prácticamente inapreciable. Es mucho menor que la que existe en el agua del mar (menos de un 10 %) por lo que no reseca la piel ni el cabello, ni irrita los ojos.

Para transformar el agua dulce de la piscina en salada, hay que añadir sal al inicio de la temporada en una cantidad aproximada de 5 kg/m3. Una vez disuelta la sal ya puede funcionar el sistema, aunque la temperatura del agua no debe ser inferior a 15 ºC. El agua pasa por la depuradora y después por el clorador, donde se produce la electrolisis y la sal se descompone produciendo el cloro desinfectante.

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El agua salada deteriora la vegetación y las instalaciones. Falso.

Hay quien rechaza la cloración salina como sistema de mantenimiento de la piscina porque cree que el agua salada daña la vegetación de alrededor de la zona de baño, así como los materiales de construcción. ¡Nada más lejos de la realidad! La concentración de sal en el agua es tan baja (menos de un 10 %) que no se ven afectados ni las plantas ni el césped. Y tampoco se estropean los materiales de la piscina, ya sea esta de liner, gresite o poliéster.

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No resulta agresivo para los bañistas y es más ecológico. Verdadero.

Son muchas las ventajas de este sistema a la hora de desinfectar el agua, aunque una de las más destacadas es que, al producirse un cloro natural que no es químico, no resulta agresivo para la piel ni los ojos de los bañistas, con lo que tu familia estará más protegida.

El agua de la piscina no deja residuos químicos y, como apenas contiene sal, tampoco resulta irritante. Además, se evita el desagradable olor del cloro químico.

4 mitos y 4 verdades sobre la cloración salina

La cloración salina es un método de limpieza que se produce de forma continua, por lo que el agua está siempre en niveles óptimos y estables de desinfección y se evitan los picos de cloración (que sí se producían con el cloro químico). De esta forma es posible utilizar la piscina mientras funciona el clorador, sin ningún riesgo de que se irrite la piel o los ojos.

Por otra parte, y dado que es ecológica, la desinfección del agua por cloración salina resulta mucho más sostenible. La sal se reutiliza continuamente y el funcionamiento del clorador conlleva un bajo consumo de energía. Por todo ello, podemos decir que se trata de una método de limpieza sostenible.

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Te ahorras el mantenimiento, ya que pones la sal y te olvidas. Falso

La cloración salina es un sistema muy fácil de mantener, ya que no necesita cuidados constantes ni tener que añadir productos al agua. La sal se pone una sola vez al inicio de la temporada y después se reutiliza constantemente, por lo que no hay que volver a añadirla. Sin embargo, eso no quiere decir que te puedas olvidar por completo del mantenimiento…

En función del clorador que elijas, habrá ciertas partes del proceso que deberás controlar, como que el nivel de cloro y de PH del agua sean los adecuados. Existen modelos que llevan reguladores automáticos de pH y cloro (muy prácticos en piscinas grandes o que se usen mucho).

4 mitos y 4 verdades sobre la cloración salina

Otra tarea que tendrás que realizar será la de limpiar la célula del clorador salino cada cierto tiempo, según el uso. Para ello tendrás que extraer los electrodos y sumergirlos en un producto especial que elimine la suciedad y los restos de cal acumulados. En algunos cloradores la célula es autolimpiable, lo que te ahorra ese trabajo y además alarga su vida útil.

Lo que sí es cierto es que, aunque tengas que asumir ciertas tareas, el sistema puede programarse para no tener que estar tan pendiente de él, y eso aumenta considerablemente la comodidad de uso.

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Es un sistema complejo de instalar. Falso

Instalar un sistema de cloración salina no es difícil. Consiste en colocar el clorador en la tubería de retorno de la piscina, de forma que el agua pase por la célula después de haber sido filtrada. Así se eliminarán previamente parte de las impurezas.

El trabajo consiste en cortar el tubo, insertar el clorador antes del filtro y volver a unir. Después tendrás que instalar el resto de elementos (sonda, inyector, reguladores, etc.) y hacer las conexiones eléctricas necesarias para que el sistema de cloración salina funcione al mismo tiempo que la depuradora.

En cualquier caso, y aunque la instalación es sencilla, conviene que la lleve a cabo un profesional para lograr una conexión correcta y evitar futuras averías.

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