Cómo reproducir tus plantas por semillas

Por Leroy Merlin

Las plantas herbáceas se reproducen fácilmente por semillas. Las hay que son anuales, es decir, que completan su ciclo a lo largo del año; las bianuales, que necesitan dos años para hacerlo; y las perennes, que lo reinician cada temporada.

Cómo reproducir tus plantas por semillas
Descripción

Te lo contamos paso a paso

PASO 1

Recolecta las semillas de tus plantas

El otoño es el mejor momento del año para recolectar las semillas porque es cuando ya están maduras y en condiciones de germinar llegado el momento. Puedes obtenerlas directamente de los ejemplares cuyas flores hayan sido polinizadas o adquirirlas en sobres. Ten en cuenta que no sucede siempre y que muchas plantas de flor no producen semillas o son estériles. Luego solo deberás sembrarlas en semilleros o directamente en el suelo del jardín, tarea en la que tus hijos estarán encantados de colaborar.

Las semillas de las herbáceas se obtienen directamente de las flores marchitas. Puedes agitar las cabezas de semillas o las cápsulas que las contienen, dentro de una bolsa de papel o un sobre para que se desprendan fácilmente. Si pinzas las flores secas, es decir, si las recortas te resultará más fácil sacudirlas; es el caso del girasol, por ejemplo, y numerosas plantas de la familia de las compuestas o asteráceas, como las margaritas. Si no están secas del todo lo más conveniente es atarlas formando ramos y dejarlas secar en un lugar cálido y sin humedad hasta que sea posible desprender las semillas.

También hay numerosas las plantas herbáceas que se autosiembran con bastante éxito: la margarita cimarrona o vitadinia (Erigeron karvinskianus), la amapola de California (Eschscholzia californica), la caléndula, la margarita de los prados (Bellis perennis), las gipsófilas, la Verbena bonariensis, el aciano (Centaurea cyanus), dragonarias, balsamina, entre muchas otras.

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PASO 2

Conserva las semillas en buenas condiciones  

Las semillas que recoges en otoño no se suelen sembrar, en principio, hasta la llegada del invierno, momento de empezar a hacer semilleros, o la primavera y el verano, cuando las temperaturas permiten la siembra directa en el terreno. Así pues, una vez recolectadas tendrás que asegurarles unas buenas condiciones de conservación.

2.1. Descarta las que estén malformadas, defectuosas o con manchas.

2.2. Antes de guardarlas asegúrate de que están limpias y secas para evitar que las pueda afectar algún hongo.

2.3. Para guardarlas utiliza un recipiente hermético de metal, vidrio o sobres como los habituales de semillas, y coloca en su interior una bolsita de gel de sílice, sustancia que capta la humedad y favorece una buena conservación.

2.4. Etiqueta el envase poniendo el nombre de la especie y la fecha de recolección, y guárdalo en un lugar oscuro, fresco y seco hasta el momento de la siembra. Si gozan de buenas condiciones de conservación pueden durar mucho tiempo, pero lo ideal es que no tardes más de dos años en sembrarlas.

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PASO 3

¿Por qué hay semillas que no germinan?

Puede ocurrir que plantes las semillas y no germinen. Esto puede suceder por varias razones:

- Porque han estado conservadas en malas condiciones y han perdido su poder germinativo.

- Porque la temperatura del suelo no es la adecuada, algo que puede darse, sobre todo, en las siembras directas en el terreno. En caso de duda te recomendamos medir la temperatura del suelo. El exceso de agua también puede malograr la germinación.

- Porque las has enterrado con la baya, cuya pulpa muchas veces contiene inhibidores de la germinación. Salvo excepciones, conviene extraer las semillas y limpiarlas de restos de pulpa antes de plantarlas.

- Porque no han roto la latencia, es decir, las semillas no han pasado por el proceso que interrumpirá su letargo para iniciar la germinación. Suele ser más frecuente con las de muchos arbustos y árboles, que han desarrollado esta estrategia para asegurarse que la germinación coincida con las condiciones adecuadas de temperatura y humedad.

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PASO 4

¿Cómo romper la latencia?

Para conseguir que determinadas semillas salgan de su latencia puedan germinar puedes realizar dos tipos de tratamientos previos a la siembra:

4.1. Estratificación en frío:

Consiste en someter a las semillas a una lenta rehidratación a temperaturas bajas, unos 4-5° aproximadamente, durante un periodo de tiempo determinado. Si en tu zona hace frío bastará con dejarlas al aire libre en una bandeja con buen drenaje, colocadas en capas de semillas con una mezcla al 50% de turba y arena de sílice fina.

Otra técnica consiste en remojar las semillas a temperatura ambiente, el tiempo depende de la especie, escurrirlas bien y meterlas en la bandeja o un recipiente hermético en la nevera, a 1-4° de temperatura, en una mezcla de arena de sílice y turba al 50 % humedecida, durante un plazo de 2 semanas a 3 meses, según la especie. En cuanto empiecen a brotar, o transcurrido el tiempo estimado para cada especie, entre 1 mes en las coníferas en general y 1-2 años en el caso de los tejos y los tilos, deben sembrarse para evitar que se deshidraten y malogren. Se estratifican en frío las semillas de tejo, serbal de los cazadores, madroño, azaleas, abedules, cedros, Cercis siliquastrum o árbol del amor, ginkgo, árbol de Júpiter, liquidámbar, mirto o arrayán, piceas, pinos, entre otros. En algunos casos tienen que pasar unos meses a temperaturas cálidas, lo que se conoce como estratificado en caliente,  seguidos de otros en frío, como en el caso de los arces, cotoneáster, cornejos, evónimos, carpes, etcétera.

Otra opción es la estratificación cálida. Cuando haces semilleros en invierno y los conservas dentro de casa o en un invernadero, a unos 20° de temperatura aproximadamente, estás llevando a cabo una estratificación cálida, que impulsará a las semillas a romper su letargo gracias a la humedad del sustrato y al calor que reciben, como en una anticipada primavera.

4.2. Escarificación:

Se trata de erosionar o rasgar la dura capa externa que poseen algunas semillas para que la germinación se ponga en marcha. Una vez escarificadas, estas semillas deben ser sembradas enseguida, ya que sus posibilidades de conservación disminuyen notablemente. La escarificación se puede hacer de varias formas, según la especie:

4.2.1. Remojándolas en agua para ablandar la cubierta impermeable que protege las semillas y de paso eliminar los inhibidores químicos que en algunas prolongan el letargo. Según la especie, la inmersión se realiza con agua tibia o caliente, para la acacia, albizia, bahuinia, juníperos; en algunos casos incluso a punto de ebullición, en el caso de la mimosa; o hirviendo, para los pitósporos, durante un tiempo determinado.

Cómo reproducir tus plantas por semillas

4.2.2. Erosionándolas o rasgándolas mecánicamente: se trata de desgastar con una lija o arena o hacer pequeños cortes con un bisturí o un cúter en la cutícula de las semillas, generalmente de un cierto tamaño, para debilitarla y permitir que la humedad pueda entrar en el interior y activar la germinación. Por lo general, se combina con el remojo. Es el caso del Eleagnus angustifolia, cuyas cubiertas se deben romper; de las sóforas y robinias, que se escarifican y se dejan en agua un cierto tiempo; o los ailantos, que hay que erosionar, dejar en remojo y además estratificar.

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4.2.3. Tratándolas con determinados ácidos, tal como ocurre cuando pasan por el estómago de los animales. Es un procedimiento solo recomendado para expertos, puesto que se lleva a cabo con productos cuya utilización exige muchas precauciones ya que pueden afectar la piel, las mucosas y la respiración.

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Materiales y herramientas

  • Bolsas de plástico