Tus frutos a salvo de pájaros e insectos

Por Leroy Merlin

Las semillas y frutos maduros de tu jardín y huerto son una tentación para los pájaros y los insectos. Toma nota de estas soluciones para protegerlos.

Para que las aves no dañen los frutos y las semillas de tu huerto, puedes echar mano de varios recursos ecológicos, inocuos para los animales pero eficaces a la hora de proteger los cultivos.

Tus frutos a salvo de pájaros e insectos

Las mallas antipájaros son redes finas, generalmente de polietileno extrusionado de color verde oscuro, con las que se cubren las plantas sin impedir el paso de la luz y la lluvia y la acción de los insectos polinizadores. Las hay de distintos tamaños, lo que permite cubrir desde ejemplares pequeños hasta árboles frutales grandes.

Las tiras espantapájaros consisten en cintas de poliéster que con la luz emiten reflejos holográficos, o tiras de aluminio de superficie azul brillante que además suenan por efecto de la brisa. Se pegan en los tallos de las plantas. Conviene cambiarlas de lugar cada cierto tiempo para evitar que los pájaros se acostumbren. Otra opción es colocar un espantapájaros. 

Para impedir que los conejos y ratones causen daño en los troncos de los árboles y arbustos, puedes rodearlos con mallas de polipropileno o polietileno extrusionado. Suelen ser verdes o negras, y pueden ser retráctiles.

Para crear una eficaz barrera que impida que los insectos indeseables accedan a los cultivos puedes recurrir a las mallas anti insectos: textiles finos y tupidos de poliamida tejida, que dejan entrar la luz y el agua y se colocan soportados por arcos formando túneles. Se trata de una alternativa ecológica a los fitosanitarios de base química. Se pueden usar con cultivos que no necesiten ser polinizados por insectos como puerros, coles, zanahorias, hierbas aromáticas…

Las frutas maduras, especialmente las uvas e higos, resultan muy tentadoras para las avispas, abejorros y moscardones. La compañía de estos insectos resulta, además, muy molesta en jardines y terrazas, a los que son atraídos por el olor de la comida y los refrescos. Una forma de controlarlos sin insecticidas es mediante trampas con atrayentes a base de azúcares naturales; los animales entran en ellas pero no pueden salir. Se cuelgan de las ramas de los árboles u otros soportes.