La casa para las vacaciones

La casa de tu familia en el pueblo donde naciste o un pequeño apartamento junto al mar. Una cabaña en las montañas o esa casita cerca del bosque. Sea como sea tu casa de vacaciones, convertirla en tu segundo hogar te deparará instantes de auténtica felicidad.

Las vacaciones de verano, los fines de semana o los ansiados puentes que te regala el calendario. Si tienes la gran suerte de poseer una segunda residencia estarás deseando pasar más tiempo en ella. Puede que esté en un pueblo perdido, en una ciudad pequeña junto al mar o en la montaña. El emplazamiento no importa, siempre que a ti te guste.

Y tampoco importa si tu casa es grande o pequeña, modesta o despampanante. Lo verdaderamente esencial es sentirte a gusto y disfrutarla al máximo junto a tu familia y amigos.

El placer de sentirse bien

¿Tienes una casa en la que pasar los días de descanso y vacaciones? Si la respuesta es sí, seguro que recuerdas un montón de momentos felices que has vivido en ella. Y es que no se te ocurrirá un lugar mejor para disfrutar. La sientes como parte de ti y, aunque no sea tu residencia habitual, es para ti un hogar, uno de tus lugares favoritos.

Por eso, decorarla para que sea acogedora y especial será todo un placer. No necesitas complicarte la vida para conseguirlo. Tu casa de vacaciones ha de ser sencilla, cómoda y fácil de vivir. Allí no necesitas realmente demasiadas cosas, ni muchos muebles ni muy sofisticados. La sencillez es la clave para crear un ambiente distendido y acogedor, con espacios para compartir el tiempo de relax.

La casa para las vacaciones

Apuesta por interiores ligeros, con pocos muebles que respondan a tus rutinas favoritas cuando estás descansando. Con las cosas que te gustan, pero sin excesos. Así tendrás menos trabajo a la hora de mantener la casa limpia y ordenada. ¡Las vacaciones son para disfrutar!

Haz que tu casa se integre en el entorno

El lugar en el que está tu casa definirá su esencia. Y aprovechar esta circunstancia es fundamental para construir un espacio con su propia personalidad. Si tu casa de vacaciones está en un pequeño pueblo, respeta su arquitectura y los materiales de la zona. Y decórala siguiendo las claves del estilo rústico que le es propio, añadiendo tu toque personal. Los colores de la tierra y las texturas naturales serán tus aliados.

La casa para las vacaciones

Y si tu refugio está cerca del mar, sácale partido a la luminosidad de las zonas de costa y poténciala. Utiliza colores como el blanco, el turquesa y el azul. ¡Tienes una paleta cromática maravillosa por descubrir! Completa los espacios con detalles playeros y apuesta por los textiles sencillos y ligeros.

Un espacio único

Puede que sientas tentaciones de recrear las pautas decorativas que imprimes a tu residencia habitual. ¡Sé fuerte y no cedas a ellas! En lugar de reproducir esos esquemas trata de darle al espacio un aire nuevo y diferente.

¿Por qué no ser audaz y atreverte con esos recursos decorativos que te apasionan y también te asustan un poco? Utiliza los colores intensos que no te atreves a usar en tu casa principal. Pinta las paredes de forma original o apuesta por fotos y cuadros de gran formato. O decídete por los estampados potentes. Cada vez que regreses a tu segunda casa te gustarán más y no te cansarás de verlos. ¡Seguro!

No te olvides del exterior

Un jardín aunque sea pequeño, una terraza con vistas al mar o un patio luminoso pueden convertirse en un gran tesoro cuando estamos de vacaciones. Si en tu casa habitual no cuentas con estos espacios o no tienes tanto tiempo para disfrutarlos, en esta segunda residencia tienes la oportunidad de vivir al aire libre. ¡Aprovéchala!

La casa para las vacaciones

Decídete a acondicionar y decorar el exterior. Crea un rincón agradable y sácale todo el partido para pasar ratos inolvidables. Y si solo tienes un ventanal, corre las cortinas y disfruta de las vistas. El secreto está en vivir intensamente cada sensación que te regala tu casa de vacaciones. ¡Déjate llevar y sé feliz!