La utilidad de los frisos

Decorar, personalizar, proteger y aislar. Todo esto puede hacer un friso por tus paredes. Y además, si sabes cómo colocarlo, también conseguirás agrandar un espacio, acortar un pasillo o incluir un toque nórdico en la decoración. Bienvenido al mundo del friso.

Los frisos o zócalos son revestimientos que visten y personalizan las paredes de nuestra casa, además de protegerlas de manchas y roces. Así que su uso responde a una cuestión estética y práctica al mismo tiempo. Además, con ellos también consigues diferentes efectos visuales en una habitación. Su uso, ¡tiene truco! Anímate a transformar una pared y la apariencia de una estancia.

Trucos visuales y estéticos

Según realices la instalación de un friso conseguirás variar la percepción visual. Por ejemplo, si lo que pretendes es que una habitación de techo demasiado alto parezca más acogedora, forra por completo las paredes con un revestimiento de este tipo. Y preferiblemente, instálalo en horizontal en el caso de un formato de listones. Si por el contrario jugas con la colocación en vertical, lograrás separar visualmente el techo del suelo. Este truco es útil en habitaciones demasiado bajas o pequeñas. Úsalo en las zonas de la buhardilla donde el techo pierde altura.

Un pasillo largo parecerá más corto si decoras las paredes con friso a media altura o un poco más sin llegar al techo y pintas o empapelas el resto de la pared.

La utilidad de los frisos

Al igual que ocurre en general en decoración, los tonos claros potencian la sensación de amplitud y conceden luz al espacio. Ya sea en blanco o en madera blanqueada, gris claro, un tono pastel… el friso ampliará la estancia. ¿Quieres lograr un ambiente cálido de inspiración nórdica? Instala un friso que supere la mitad de la altura de la pared o que la cubra por completo con listones verticales de madera en color blanco.

Protección contra golpes y roces

¿Marcas en la pared? ¿Arañazos? En zonas de paso o con mucho tránsito es posible que la pared sufra. Además de prevenir, el friso te servirá para cubrir una pared ya deteriorada y protegerla para el futuro. Si eliges un friso de PVC o vinílico, podrás limpiar las manchas muy fácilmente y, si es de madera, una mano de pintura con el tiempo ¡y como nuevo!

 

En la habitación de los niños es una opción perfecta para mantener las paredes a salvo del uso diario y de pequeñas fechorías infantiles. Instálalo en todo el perímetro del cuarto, a media altura; solo en la zona de la cama –y además podrás ocultar el cable de un aplique de pared detrás–; en la zona del escritorio –por si se escapa alguna pincelada– o en el rincón de lectura –soportará mejor el roce de la espalda de los peques mientras leen apoyados–.

La utilidad de los frisos

Un buen aislante del ruido y del frío

Al instalar un friso estás aislando del ruido y del frío esa estancia al añadir una capa adicional de revestimiento. Utilízalo en un frente frío, quizá en contacto con la cara exterior del edificio, o en el tabique divisorio entre viviendas por el ruido. En LEROY MERLIN encontrarás también material aislante específico, fabricado en fibra de madera, indicado para mejorar el aislamiento térmico y acústico. Colócalo debajo de un friso rastrelado, directamente sobre la pared. 

Tipos de frisos

En LEROY MERLIN encontrarás una amplia variedad de revestimientos de pared para crear el friso a tu medida y dar rienda suelta a tu creatividad en cuanto a estética. Tienes desde los listones de madera natural –abeto, fresno o pino, entre otras variedades, que puedes pintar, teñir o barnizar tú mismo en el color que quieras– hasta revestimientos de PVC o vinílicos, que imitan madera u otros materiales y que se limpian con un paño húmedo–. Algunos se instalan con un sistema rastrelado (rastreles que se fijan a la pared y en los que se encajan los listones) y otros van atornillados o son autoadhesivos.

Con estas soluciones puedes crear el friso en la estancia que quieras, incluso, en el cuarto de baño o zonas húmedas ya que hay revestimientos resistentes al agua. Y así proteger y decorar.

La utilidad de los frisos