Momentos hechos a mano

Hoy día hay un montón de formas de definir la pasión por lo manual. Las manualidades y las labores se han situado en primer plano del ocio creativo, y de ser cosa de abuelas o niños han pasado a ser tendencia. Además de ayudarnos a llenar la vida de objetos bellos, también son una fantástica terapia para disfrutar del tiempo libre.

Construir y crear con nuestras propias manos es una de las actividades más gratificantes que existen. Desde cultivar la huerta hasta tejer jerséis, pasando por preparar pasteles o encuadernar libros, la actividad creativa permite que la mente se concentre y se libere de las preocupaciones (aunque sea de forma temporal). Por otra parte, la satisfacción inherente a construir cosas que luego puedes utilizar, comer o admirar es un factor fundamental que explica por qué el DIY o “hazlo tú mismo” tiene hoy día legiones de seguidores en todo el mundo.

“Creamos para vivir, sí; pero también, para disfrutar”

En tiempos no muy lejanos, las personas estaban obligadas a hacer prácticamente todo con sus propias manos, al no existir tantos recursos, comercios y opciones como en las últimas décadas. En nuestro país, hasta hace muy poco eran muchas las familias que vivían de su huerto y sus animales, y que además confeccionaban su ropa, muebles y todo lo necesario para vivir. Cuando la modernidad se instauró en nuestras vidas, parecía que los tiempos de la artesanía y el autoabastecimiento tenían los días contados… De eso, nada: la necesidad de crear y construir es más fuerte que la mera supervivencia, y por lo que parece, es inherente al ser humano. Creamos para vivir, sí; pero también, para disfrutar.

Momentos hechos a mano

Corta, pega, cose… Medita

Está demostrado que las labores y las manualidades tienen un efecto muy parecido al que generan actividades tan espirituales como la meditación. Hay estudios en el campo de la neurociencia que identifican factores comunes entre campos tan aparentemente separados: la concentración, la repetición, el ritmo… Convierten a estas actividades en mantras cotidianos que generan un efecto terapéutico y relajante con un impacto positivo en el bienestar. Así, no es extraño que alguien nos comente que “se ha enganchado” al punto, la cestería o el scrapbooking.

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Tejer y cantar

Nuestras abuelas y madres ya sabían que tejer es relajante y divertido. Punto, ganchillo, macramé… Las opciones son muchas, y sus aplicaciones, casi infinitas. El terapeuta británico Betsan Corkill realizó una investigación sobre los efectos beneficiosos de las labores sobre la salud mental, en la cual más de la mitad de los encuestados afirmó que tejer le hacía “muy feliz”. Al parecer, quienes tejían más de tres veces a la semana se sentían más tranquilos y alegres, sufrían menos ansiedad y ganaban confianza. Y por si fuera poco, una prenda tejida a mano es un auténtico lujo…

Frente a la crisis, ¡handmade!

Durante el V Congreso de Salud Mental celebrado en Barcelona en 2013 se hizo público un estudio según el cual, en los años de crisis los casos de depresión aumentaron un 19% en nuestro país. La falta de perspectivas y las dificultades económicas nos ponen en situaciones muy complicadas, de las que es difícil salir. Sin embargo, a lo largo de estos años también han florecido negocios de emprendedores que han hecho del “do it yourself” su profesión: blogueros y youtubers, profesores de labores, tiendas de material para manualidades, fiestas creativas, repostería y cocina casera… ¡Y es que la creatividad puede hacer milagros!

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Una casa que habla de ti

De ti, de vosotros… de todos. Una casa en cuya decoración ha participado toda la familia (¡aunque sea de una sola persona!) es un nexo de unión que resulta mucho más acogedor que cualquier proyecto de interiorista, por acertado que sea. Cuando realizamos actividades creativas en grupo, la satisfacción se comparte y los recuerdos se generan. Escoger el color de la pared, buscar cuadros o dibujos, recoger elementos en el campo o la playa para hacer manualidades, pintar o montar muebles en kit son algunas de las actividades que harán que todos se enganchen a la decoración creativa. Prueba también:

  • Tejer alfombrillas. Con trozos de tela o camisetas, un trozo de rejilla para alfombras y un gancho se pueden crear preciosas alfombrillas recicladas. Es muy fácil y resulta una actividad muy terapéutica que induce la relajación.
  • Hacer álbumes de recuerdos. Las fotos del álbum se pueden decorar con trozos de cinta, letras, inscripciones escritas a mano, lazos, recortes… El scrapbooking levanta pasiones, y no es de extrañar.
  • Pintar cerámica. Hoy día hay rotuladores con los que se pueden pintar tazas y vasos para crear regalos personalizados.
  • Crear divertidos posavasos. Los CDs que ya no sirven son perfectos para hacer posavasos únicos para guardar o regalar. Con pintura, papel de colores, cola, pegatinas y lo que se te ocurra, ¡las posibilidades son infinitas!
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