Cómo germinar semillas 

Hacer germinar una semilla es un proceso sencillo y a la vez asombroso, ya que consiste en facilitar el nacimiento de una nueva planta. Es muy útil para asegurar la viabilidad de tus semillas y acelerar el proceso de crecimiento. Hay varias maneras de hacerlo; te contamos algunas.

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Cómo germinar semillas con papel de cocina

Para hacerlo solo necesitarás un bote de plástico o de vidrio con tapa, un trozo de papel de cocina, agua y tus semillas.

Mete el papel absorbente en el recipiente y añade un poco de agua para humedecerlo por completo, pero sin encharcarlo.

Coloca las semillas sobre el papel y cierra el bote. Algunas semillas pueden germinar en solo un día.

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Cuando veas que las raíces comienzan a nacer, quítalas con cuidado del papel y  plántalas en macetas. Colócalas en un sitio que reciba buena luz del sol, riégalas suavemente, y espera hasta ver crecer la planta.

Cómo germinar semillas mediante la estratificación cálida

Cuando haces semilleros en invierno y los conservas dentro de casa o en un invernadero, a unos 20º de temperatura aproximadamente, estás llevando a cabo una estratificación cálida, que impulsará a las semillas a romper su letargo gracias a la humedad del sustrato y al calor que reciben, como en una anticipada primavera. 

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Para acelerar el proceso, puedes realizar lo que se conoce como escarificación. Se trata de erosionar o rasgar la dura capa externa que poseen algunas semillas para que la germinación se ponga en marcha. Una vez escarificadas, estas semillas deben ser sembradas enseguida, ya que sus posibilidades de conservación disminuyen notablemente. La escarificación se puede hacer de varias formas, según la especie:

  • Remojándolas en agua para ablandar la cubierta impermeable que protege las semillas y de paso eliminar los inhibidores químicos que en algunas prolongan el letargo. Según la especie, la inmersión se realiza con agua tibia o caliente, durante un tiempo determinado.
  • Erosionándolas o rasgándolas mecánicamente. Se trata de desgastar con una lija o arena, o hacer pequeños cortes con un bisturí o un cúter en la cutícula de las semillas, generalmente de un cierto tamaño, para debilitarlas y permitir que la humedad pueda entrar en el interior y activar la germinación. Por lo general se combina con el remojo. 
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